El artículo 639 fija tres principios que ordenan toda la materia: el interés superior del niño, su autonomía progresiva —a mayor madurez, mayor participación en las decisiones que lo afectan— y su derecho a ser oído y a que su opinión sea tenida en cuenta según su edad y grado de desarrollo.
En esa línea, tras una separación la regla general es el cuidado personal compartido: ambos progenitores continúan siendo responsables de la crianza, más allá de con quién viva principalmente el hijo. La responsabilidad no se "reparte" ni se pierde por no convivir; se sigue ejerciendo.
"El derecho moderno abandona la concepción de los hijos como objeto de control. El paradigma actual los sitúa como sujetos de derecho, lo cual impone un ejercicio conjunto y colaborativo de la crianza enfocado en su contención afectiva, material y formativa."
Entender esto evita conflictos y, sobre todo, protege a quien más importa: el niño, niña o adolescente.